Juegos de estimulación temprana.

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La comunicación no verbal en los bebés

shutterstock_74689858La comunicación constituye un proceso central a través del cual se intercambian y construyen significados con otros. Ya en los primeros meses de vida los niños utilizan el lenguaje no verbal para manifestar sus necesidades, expresar sus sensaciones y sentimientos, y vincularse con otras personas así como con el mundo que les rodea. Progresivamente el lenguaje no verbal, junto con la capacidad de representación, posibilitará el desarrollo de distintos lenguajes como el corporal, musical o plástico.

Gran parte del estudio teórico sobre el lenguaje se ha centrado en en desarrollo del lenguaje verbal y ello es debido, en gran parte, a los postulados de Jean Piaget, uno de los autores más conocidos del desarrollo cognitivo de los niños. Para Piaget, el niño pasa inicialmente por un período sensoriomotriz en el cual se encuentra ligado al estímulo y se limita a procesar estimulación específica a cada modalidad sensorial, no siendo capaz de procesar información acerca de objetos. Posteriormente, a los dos años es cuando surge la capacidad simbólica que le permite representar mentalmente símbolos, algo necesario para la aparición del lenguaje (Piaget, 1965).

Sin embargo, estudios reciente en Psicología cognitiva han podido demostrar que la capacidad de formar representaciones mentales surge bastante más precozmente de lo que Piaget proponía. Perner (1994) afirma que ya al mes de vida el bebé es capaz de diferenciar entre objetos para la succión nutritiva (pecho), de objetos para la succión no nutritiva (chupete). El bebé es capaz desde muy temprano de construir representaciones y esta capacidad se va desarrollado por etapas. Entre el nacimiento y el año o año y medio de vida hay un nivel de representaciones primarias en el que el niño representa el mundo en forma seria y literal. Estas representaciones tienen una relación semántica directa con una realidad y sólo le permite concebir la situación real.

A los 10 meses, se da un nivel secundario al que Leslie (1987) se refiere como “representaciones secundarias” en dónde el bebé es capaz de considerar dos o más representaciones de manera simultánea, lo que le posibilita interpretar las representaciones y concebir entonces distintas situaciones (pasado/futuro, real/simulado). El niño ya es capaz de jugar al “como si”, que le permite entonces comprender que una palabra o un gesto, son referentes de un determinado objeto o situación.

El desarrollo de la intención comunicativa- el querer comunicarle algo a un otro- es fundamental para la comunicación. Alrededor de las 6 semanas de vida aparece la “sonrisa social”, una de las primeras conductas reportadas como poseedoras de una cierta intención comunicativa con otra persona (Perner, 1994).

También es relevante la “referencia social” que alude a la capacidad del niño de percibir y responder a la orientación afectiva de otra persona respecto a objetos y eventos del ambiente. Este ha sido observado tempranamente en bebés por Charman (1994) y en distintos estudios sobre cómo el bebé considera a la madre como referente y en el manejo del temor a los extraños (Sroufe, 2000).

Posteriormente el niño debe desarrollar la importante capacidad de comprender la importancia de la mirada de la madre. Inicialmente éste es capaz de dirigir la mirada en la misma dirección que ella (6meses). Luego, entre los 9 y 14 , meses comienza a señalar, y entre los 12 y 16 meses trata de controlar la mirada del adulto para atraer su atención, ya sea para obtener algo, o simplemente por el solo hecho de disfrutar las expresiones de atención de éste (Perner, 1994).

Antes de los 8 meses, el niño sólo es capaz de interactuar en situaciones cara a cara, es decir, en situaciones sin referentes externos. Entre los 8 y 12 meses en cambio, y antes de que aparezca el juego simbólico, el niño es capaz de desarrollar acciones o gestos comunicativos para regular sus interacciones con los demás, en relación a objetos externos. Estas conductas han sido denominadas como ” comunicación intencional prelingüística” (Gómez, Sarriá & Tamarit, 1993), o “gestos simbólicos”.

El desarrollo de los gestos simbólicos se da en una variedad impresionante, lo cual es atribuido a que los adultos le modelan al niño no sólo los gestos en sí mismos, sino el uso de éstos como herramienta para la comunicación. Así, el niño aprende tanto la “forma” como la “función”, además del hecho que la forma del gesto debe permanecer constante para que la comunicación sea exitosa (Goodwyn, Acredolo & Brown, 2000).

En investigaciones y observaciones realizadas se ha podido demostrar que los niños que han sido entrenados en el aprendizaje de gestos aprenden a hablar más rápido, su desarrollo del lenguaje es más precoz, y su vocabulario- tanto de palabra como de gestos- es significativamente mayor (Acredolo &Goodwyn, 2001; Moore, Acredolo & Goodwyn, 2001; Tomasello & Farrar, 1986). Por lo cual, cuanto más estimulemos su forma de comunicación gestual desde que son pequeños, más estaremos contribuyendo a ampliar su vocabulario y a mejorar su comunicación verbal, y esto repercutirá en una mejora de su propia autoestima y de su desarrollo integral.

 

 

Fuente de información:

Desarrollo de la comunicación gestual intencionada en bebés: estudio de un caso. Farkas. Summa Psicológica.

http://www.summapsicologica.cl/index.php/summa/article/view/91/pdf

 

 

 

 

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La mochila portabebés es un buen recurso para el desarrollo del vínculo afectivo entre el bebé y sus padres a la vez que facilita a la madre dar el pecho  de una manera muy discreta. Hay referencias sobre su aporte en la estimulación del sistema vestibular, relacionado con el equilibrio y el control espacial. Además, permite al bebé una libertad de movimiento y un contacto visual directo con su cuidador.