El desarrollo afectivo

La figura materna tiene una gran importancia como factor que estructura la sonrisa y la afectividad del bebé. 

 

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El niño aprende pronto a manejar la sonrisa como una manera de comunicarse. Primero sabe reír cuando se le mira y después se ríe para que se le mire, como queriendo demostrar que corresponde al cariño que se le da.

Aproximadamente, a los cinco meses el niño se ríe delante del espejo y pronto consigue reconocerse en él. Posteriormente, distinguirá a los extraños y hacia los ocho meses se asustará ante desconocidos. 

A veces llora por hambre o porque le duele algo, pero otras llora para que se le haga caso. Su llanto es una forma de hablar y de manifestar sus emociones.

Hacia el año empieza a reconocer a varias personas y comienza a afirmar sus preferencias por alguien  y a hablar con mimos y gestos de cariño o de rechazo hacia las personas. El siguiente paso será, demostrar sus emociones con el lenguaje.