El juego y el dibujo

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El juego constituye una expresión fundamental de la manera de ser del niño. A través de él puede expresar sus sentimientos y sus preocupaciones.

 

 

 

 

 

Hay un refrán que dice: “En la mesa y en el juego se conoce al hombre luego”, el juego permite conocer al niño porque expresa sus sentimientos y traduce sus experiencias.

Al jugar , el niño puede recrear con objetos ansiedades, problemas y emociones. Por ello, una buena observación permite comprender su personalidad y las causas de sus problemas. Saber jugar con el niño permite aportar observaciones que ayudarán a superar sus problemas. No se trata de detalles sin importancia, sino que los padres colaborarán así a la evolución equilibrada de la personalidad de sus hijos.

En el juego, el niño se autoafirma, se convierte en una persona importante. El juego le prepara al niño para el papel que va a desempeñar en el futuro: el de una persona independiente, con capacidad de decidir y enfrentarse a las adversidades de la vida.

 

La evolución del juego en el niño

  • 0 a 6 meses, juega con su cuerpo.
  • 7 a 12 meses, con objetos .
  • 1 a 3 años, con juguetes manejables.
  • 3 a 4 años, con juegos de ficción.

 

El recién nacido juega con su propio cuerpo, éste es su primer objeto y le sirve de juguete. Posteriormente, cuando el bebé tiene 1 año desarrolla una verdadera expectativa con sus juegos, esperando que ocurra algo nuevo al manipular los objetos. Así, se sorprende cuando, al manipular un juguete, toca un botón y se oye una musiquilla.

Se debe tener en cuenta, en la elección de los juguetes para esta edad, que el niño, durante el primer año, no sabe distinguir el material de los objetos, ni los aspectos figurativos. Su interés se centra en que el juguete o el objeto sea manejable, que pueda tocarlo, moverlo, agitarlo y tirarlo. Un poco más tarde empieza a juntar cosas y a golpearlas. Intenta meter unas cosas en otras (cubos,…), pero no tiene una verdadera intención. El niño sigue experimentando.

A partir de los 2 años empieza a interesarse por los juguetes. Pero éstos deben ser rudimentarios, para dejar correr su imaginación, ya que un juguete muy acabado representa un modelo de la realidad y le impide fantasear. Conviene recordar que el proceso de desarrollo del juego se corresponde con el desarrollo general de la inteligencia y de las capacidades motoras y físicas del niño.

La primera experiencia se basa en la imitación del adulto y en el mundo que éste representa. El niño imita a su manera, o sea que representa el mundo según su propia imaginación. A partir del segundo año aparecen los juegos de ficción. También abundan los juegos de construcciones, pero ahora ya con intención. El niño construye, amontona, junta.

El juego paralelo aparece a los 3 años. Los niños se buscan y sienten placer en juntarse 2 o 3, pero su juego sigue siendo individual. Cada uno está atento a lo suyo y no colabora con sus compañeros.

A partir del quinto año, el juego se socializa y adquiere valores simbólicos.

 

 

El dibujo

El dibujo, importante factor en el desarrollo de la personalidad del niño, es también un valioso instrumento por medio del cual puede comprenderse la conducta infantil y analizar su problemática.

Considerando el dibujo como la representación de las emociones infantiles, comprenderemos que pueda servir para diagnosticar la problemática del niño. Por otra parte, el dibujo señala un cuadro de la capacidad intelectual del niño. Y ello independientemente de la calidad artística del dibujo.

Hacia el año y medio, el niño manipula objetos que, a veces, dejan una huella gráfica sobre el papel. No tarda en darse cuenta de la relación causa-efecto entre su actividad y la huella gráfica. Entonces, de manera regular, irá reproduciendo esa huella que tiene la ventaja de permanecer, mientras que la voz se acaba y se pierde. Esta actitud está favorecida por el proceso imitativo, ya que el pequeño ve cómo los adultos escriben. Sin embargo, no se puede hablar todavía de dibujo, porque predomina la descarga motriz y emocional.

garabato_160Al coordinar el ojo y la mano, el niño busca un efecto gráfico. Traza entonces garabatos que suelen ser líneas rectas y oscilantes. El mayor control de la mano y antebrazo hace que a los 18 meses trace ya líneas horizontales pero sin controlar ni el comienzo ni el final de la línea. Como no hay aún intención representativa, los rasgos suelen ser grandes y ocupan todo el papel.

Hacia los dos años el control del pulgar limita el movimiento de la muñeca y aparecen ya rasgos cortos. El niño puede frenar el impulso, y los rasgos, cortos y repetidos, son lineales o adoptan la forma de anillos.

Posteriormente aparece el control del punto de partida y a los tres años ya controla la partida y la llegada. Esto le permite perfeccionar su dibujo inicial, mejorándolo. Se observa algunas toscas figuras geométricas.

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Entre los dos y tres años el niño comienza a nombrar los garabatos que pinta. Primero los nombra después de dibujarlos, más tarde lo hace de manera simultánea y luego antes de dibujarlos. Ello demuestra el avance y predominio de la intención. Pero da nombres totalmente arbitrarios que no se relacionan con lo dibujado. Un mismo garabato puede ser “un hombre” y luego “una casa”.
Al principio dibuja de frente y luego hace yuxtaposiciones, desplegando, por ejemplo, las fachadas de las casas. Sus representaciones sucesivas se acaban cuando no hay papel o no le caben, y se esfuerza en ensamblarlas unas con otras.El siguiente paso es la adquisición de la semejanza. El niño quiere copiar los objetos que le llaman su atención. Los dibuja de memoria mediante esquemas sencillos sobre los que añade los detalles más significativos. Subraya siempre lo esencial. Por eso pinta al hombre con una gran cabeza.

Se observa que el niño pinta lo que sabe más que lo que ve. De ahí que haga transparencias. Pinta así el ombligo encima de la prenda. En realidad, no ha alcanzado todavía la fase del realismo visual y reproduce un realismo intelectual. Por ello acumula detalles para que las cosas que pinta resulten identificables. No le importa que los detalles perjudiquen la objetividad del dibujo, porque expresan la cantidad de información que quiere comunicar. De ahí el interés de estos dibujos.

 

Fuente de información:

Biblioteca DANAE de la Maternidad y de la Infancia. Vol. 3 Crecimiento del niño, p.147-156

Desarrollo psicomotor en la primera infancia.

 

imagesEl sistema nervioso del niño progresa esencialmente durante los dos primeros años. Al nacer, algunos sentidos no están maduros, pero alcanzan su pleno desarrollo al poco tiempo. Al cabo de unos días el niño puede ya distinguir la luz de la oscuridad, la voz del ruido; su piel, sensible al tacto, distingue el frío del calor.

 

 

 

El recién nacido

 

  • El recién nacido duerme la mayor parte del tiempo, pero podemos observar cómo se mueve cuando llora y cuando toma el biberón o el pecho.
  • Si algo le inquieta mueve todo su cuerpo.
  • Los movimientos que el bebé realiza de forma involuntaria se llaman reflejos. Dos de ellos le son muy útiles y le sirven para orientarse hacia la fuente de alimento y tomarlo. Estos reflejos son los de succión (el chupar) y el reflejo de orientación de la boca. Este último consiste en saber dirigir la boca hacia el dedo o hacia el objeto que roce la zona de los labios.

 

A las 4 semanas

 

  • A las cuatro semanas el bebé no es capaz todavía de aguantar su cabeza.
  • Si se le pone tumbado sobre la espalda, gira la cabeza hacia un lado, doblando el brazo de este lado y estirando el brazo del otro.
  • A esta edad mueve, sobre todo, los ojos y la boca y puede ver cosas de tamaño grande.
  • Si nos acercamos a él o hacemos algún ruido cuando se está moviendo, sus movimientos disminuyen.
  • No es capaz de comprender el lenguaje hablado, pero es sensible al tono en que se le habla.

 

De los 2 a los 4 meses

 

  • A los dos meses, el bebé despierto tiene normalmente las manos cerradas con el dedo pulgar fuera.
  • Puede agarrar un objeto durante un momento, pero se le cae enseguida.
  • A los tres meses será capaz de agarrarlo y mirarlo durante un ratito.
  • Todavía no realiza movimientos aislados, es decir, no puede mover solamente su mano, sino que agita sus brazos y sus piernas.
  • A partir de los 4 meses, el niño presta atención a la voz humana y reconoce la de su madre, fundamentalmente.
  • Antes de llegar a esa edad, a partir de los dos meses, se ha de comprobar si el niño oye bien. La falta de audición es un problema a todas las edades, pero en esta época puede ocasionar retrasos en el desarrollo del lenguaje. El niño necesita oír hablar para poder aprender a hacerlo. Las infecciones de oído se deben tratar rápidamente para evitar consecuencias posteriores.

 

Los 4 meses

 

  • A partir de los cuatro meses, el niño aguanta la cabeza cuando se le incorpora.
  • Tumbado gira la cabeza en busca de la voz de alguien o de algún ruido.
  • Presta más atención a la voz humana que a los ruidos; reconoce ya las voces de las personas que lo cuidan.
  • Le gusta estar sentado apoyado durante un breve momento.
  • Se mira las manos o se las toca una con otra.
  • Puede tomar objetos si está a su alcance y mirarlos atentamente.
  • Está en condiciones de ver los objetos pequeños.

 

Los 7 meses

 

  • A partir de los siete meses mueve sobre todo las manos.
  • Se lo lleva todo a la boca.
  • Con los objetos hace muchas cosas; los mira, los gira, los golpea, se los pasa de una mano a la otra. Cualquier objeto puesto en sus manos es motivo de una gran exploración.
  • A esta edad sus ojos están más perfeccionados que sus manos. Puede distinguir una bolita pequeña y seguir sus movimientos, pero tiene gran dificultad para agarrarla: no conseguirá todavía tomarla con sus manos.
  • Los periodos de tiempo que el niño pasa sentado con apoyo le ayudan a aguantar mejor su espalda.
  • Ahora agarra los objetos con la ayuda del dedo pulgar y puede pasarse las cosas de una mano a la otra.
  • A esta edad no tiene preferencia por una de sus manos: utiliza tanto la derecha como la izquierda.
  • Le gusta jugar con sus pies al igual que a los cuatro meses lo hacía con sus manos.

 

Los 9 meses

 

  • A los nueve meses no le gusta permanecer tumbado sobre su espalda cuando está despierto.
  • Se sienta solo y desde esta posición puede volverse o inclinarse para agarrar algo y recobrar su posición después sin caerse.
  • Sus piernas aguantan su peso, pero no guardan equilibrio.
  • Mueve los dedos con gran facilidad, en especial el pulgar y el índice. Le sirven para curiosear cualquier objeto de tamaño reducido.
  • Todavía se lleva a la boca lo que tenga al alcance de su mano. Lo investiga con la lengua para tener un mejor conocimiento del mundo exterior.
  • Los objetos pequeños atraen su atención de forma especial. Juega a meterlos y sacarlos de cualquier otra cosa que le pueda servir de recipiente. Los pequeños detalles despiertan en el niño un interés especial de su vista y su tacto.
  • Algunos niños empiezan a gatear a esta edad.

 

Los 12 meses

 

  • A los doce meses algunos niños andan apoyándose en los muebles y objetos que encuentra a su alcance.
  • Son capaces de poner un cubo encima de otro, pero no saben dejarlos colocados en esta posición.
  • No se debe forzar al niño para que aprenda a andar; cada uno debe seguir su propio ritmo madurativo, distinto en cada individuo.

 

Los 14 meses

 

  • A los catorce meses la mayoría de los niños son capaces de ponerse en pie y andar solos. Este nuevo avance del niño le permite desplazarse con plena independencia de los mayores.
  • Siente cierta sorpresa con ese progreso, que le proporciona gran alegría.
  • Poco a poco, la boca va dejando de ser, junto con los ojos, el principal método de conocimiento de los objetos.
  • Las manos van adquiriendo mayor importancia. A partir de ahora el niño se convierte en un personaje que lo toca todo.

 

Los 18 meses

 

  • A los dieciocho meses anda generalmente con cierta seguridad.
  • Se sienta en su sillita con gran agilidad y es capaz de trepar a la silla del adulto al menor descuido de éste.
  • Puede subir las escaleras si se le da la mano y le gusta mucho arrastrar con una cuerda objetos con o sin ruedas, mientras va andando.
  • El dominio de sus acciones mejora cada día y puede hacer una torre con tres cubos, poniéndolos uno encima de otro.
  • La pelota empieza a llamar su atención y es capaz de empujarla suavemente con el pie.
  • Se entretiene a ratos mirando cuentos, aunque pase las hojas de dos en dos y algunas veces se le rompa por falta de agilidad.

 

Los 2 años

 

  • A los dos años corre bien sin caerse, pero no es capaz de detenerse rápidamente.
  • Cuando se le cae un objeto, se agacha para agarrarlo y puede ponerse de cuclillas al jugar.
  • Las escaleras no suponen ningún obstáculo en sus desplazamientos; las sube y baja solo, pero tiene que poner los dos pies en cada escalón.
  • A menudo expresa sus emociones bailando, saltando o aplaudiendo.
  • Cuando realiza una actividad de su grado, como recortar con unas tijeras adaptadas a su edad, puede quedarse sentado.

 

Los 3 años

 

  • A los tres años controla su velocidad, siendo capaz de frenar bruscamente.
  • Ahora ya sube y baja las escaleras alternando los pies y le gusta pedalear con el triciclo.
  • El control de su cuerpo le permite levantar momentáneamente una pierna sin caerse o ponerse de puntillas.
  • Conviene controlar al niño la vista, para evitar problemas que puedan pasar inadvertidos a los adultos antes de comenzar el colegio.
  • Si antes no tenía preferencia por ninguna mano, la mayoría de los niños adquieren el predominio de una de ellas entre los 2 y los 3 años. Pasa lo mismo con el pie.
  • A partir de los tres años el niño debe tener plena libertad para que maneje la mano que él quiera.

 

Adjunto un mapa conceptual muy completo sobre el desarrollo psicomotor. Fuente: PSYKIA UNED, LA ACADEMIA 2.0 DEL GRADO EN PSICOLOGÍA.

 

DS-2.2.3 El desarrollo psicomotor

 

 

SIGNOS DE ALERTA EN EL DESARROLLO PSICOMOTOR

Manifestaciones en el desarrollo psicomotor del niño que nos pueden hacer sospechar que estamos ante una disfunción neurológica y así poder establecer un diagnóstico precoz de daño cerebral.

A continuación detallamos los principales signos de alerta por orden cronológico:

  • 1 mes de edad

–  Irritabilidad persistente.

–  Trastornos de succión.

–  No fija la mirada momentáneamente.

–  No reacciona con los ruidos.

  • 2 meses de edad

–  Persistencia de irritabilidad.

–  Sobresalto exagerado ante ruido.

–  Aducción del pulgar.

–  Ausencia de sonrisa social.

  • 3 meses de edad

–  Asimetría de actividad con las manos.

–  No sigue con la mirada.

–  No respuesta a los sonidos.

–  No sostén cefálico.

  • 4 meses de edad

–  Pasividad excesiva.

–  Manos cerradas.

–  No emite risas sonoras.

–  Hipertonía de aductores (ángulo inferior a 90º).

–  No se orienta hacia la voz.

  • 6 meses de edad

–  Presencia de hipertonía en miembros e hipotonía de cuello y tronco.

–  No se rota sobre sí mismo.

–  Persistencia de reacción de Moro.

–  No sedestación con apoyo.

–  Ausencia de prensión voluntaria.

–  No balbucea ni hace “gorgoritos”.

  • 9 meses de edad

–  No desplazamiento autónomo.

–  Hipotonía de tronco.

–  No se mantiene sentado.

–  Ausencia de pinza manipulativa.

–  No emite bisílabos.

  • 12 meses de edad

–  Ausencia de bipedestación.

–  Presencia de reflejos anormales.

–  No vocabulario de dos palabras con/sin significado.

–  No entiende órdenes sencillas.

  • 15 meses de edad

–  No camina solo.

–  Ausencia de pinza superior.

–  No arroja objetos.

–  No tiene un vocabulario de tres o cuatro palabras.

–  Pasa ininterrumpidamente de una actividad a otra.

  • 18 meses de edad

–  No sube escaleras.

–  No tiene un vocabulario de 7/10 palabras.

–  No conoce partes del cuerpo.

–  No garabatea espontáneamente.

–  No bebe de un vaso.

–  No hace una torre de dos cubos.

  • 24 meses de edad

–  No corre.

–  No construye torres de 3 ó 6 cubos

–  No asocia dos palabras.

–  No utiliza la palabra “NO”.

–  Presencia de estereotipias verbales.

–  Incapacidad para el juego simbólico.

  • Signos de alarma a cualquier edad

–  Movilidad, tono o postura anormal.

–  Movimientos involuntarios (actitud distónica de manos, hiper-extensión cefálica…).

–  Movimientos oculares anormales.

–  Retraso en la adquisición de los ítems madurativos.

-Macrocefalia, microcefalia, estancamiento del perímetro craneal.

 

Fuentes de información:

Biblioteca DANAE de la Maternidad y de la Infancia. Vol. 3, Crecimiento del niño, p.p. 127-134

Desarrollo psicomotor del niño y su valoración en atención primaria. A. Iceta, M.E. Yoldi. Suplemento 2, Anales. Gobierno de Navarra.